María en el país de los mierdecillas
Bienvenid@s a esta humilde bitácora dedicada a comentar la actualidad de esta pequeña parte del mundo... que va muy mal. En la vida no todo es de color rosa ... PERO EN ESTA WEBLOG, SÍ
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 YUUUUUUUUUUPPPPPPPPPPPPPIIIII!!!!!!!! OE,OE,OE,OE... OE, OE,OE,OE... Mosquis, carámbanos, retruéncanos, cáspita y chachi piruli. (No se me ocurren más chorradas que poner). Me ha tocado currar este año en casa, en la ciudad del viento ... Sabía que este día iba a llegar -aunque reconozco que no lo veía muy próximo-. Volver a casa: me fui un año a Teruel pensando en volver a casa, luego todas las mañanas me levantaba a las 6, camino a Ejea, pensando que algún bendito año volvería a casa, y ... -este año- mientras me jugaba la vida (mía o de mi coche) camino a Mallén, pensaba : "pero algún día volveré". ¿Qué precio tiene el paraíso? Pues dar clases de sociales en la E.S.O y estar en dos centros a la vez. Los chicos de los pueblos, los echaré de menos, porque los de Zaragoza tienen fama de... Pero tendré más tiempo (para dormir, para leer, para irme de tiendas por la zona de El Corte Inglés, para comer a una hora normal) y menos carretera: ¡al Ibiza le van a salir telarañas! BBBIIIIIIIIIIIIIIIIIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEENNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNN  En las películas de Tarzán -que "devoraba", televisivamente hablando, de pequeña- se explicaba que La senda de los elefantes es el camino que toman los mismos cuando saben que van a morir (también es la calle de marcha en Huesca y de tapas en Logroño.... Ahí va una pinceladita de mi cultura general). Es parecido a las ballenas que se dejan morir varadas en la playa. Este año, de repente, me encontrado trabajando en la ciudad del viento, pero también inmersa en una senda de elefantes de esa de las que os hablo. Mis "compis" me miran asombrados y me dicen: "¡Qué joven eres!". Y yo respondo: ¡¡¡¡Pero si tengo treinta años!!! Y entonces descubro que me duplican la edad, que ven más cerca la jubilación que sus inicios, y que mis treinta años les parecen pocos, porque ellos hablan de lumbago, dolores de espalda, y demás. Cuando estaba en los pueblos -tiempo y tiempo atrás, ja,ja,ja..- no era tan joven, he coincidido con bastante gente de mi edad, aunque es verdad que empecé antes que la mayoría. No tengo complejo de Peter Pan, aunque sí de Alicia, acepto el paso del tiempo, la madurez y sus estragos, pero quizás son mis pintas las que me hacen parecer más joven de lo que soy. No lo sé, lo cierto es que me gusta nadar a contracorriente, sólo que ahora pienso que la estampida de elefantes me puede arrollar.  Odio volver a clase... Si fuera alumn@, esta afirmación categórica no sonaría tan rara, pero es verdad: odio volver a clase. Me encanta dar clase, pero odio empezar a darlas. Es decir, odio estos primeros días de aprenderme donde están las clases, las caras y nombres de mis alumn@s, las caras, nombres y asignaturas de mis compañer@s,las reuniones de padres, los reglamentos de orden interno, mi propio horario, y ¿cómo funcionaba lo de las marchas del coche?. Encima este año multiplico por dos (x2): dos institutos, dos horarios, dos directores, dos jefes de estudios y la tira de clases y alumnos. A veces pienso que nunca he salido de mi primera clase: vivo atrapada en el año de la marmota, el año en que mi madre me llevó por primera vez al colegio (AAAARRRRRRRRGGGG!!!) -lo intentó un año antes, pero mamá no tuvo éxito-. Me pasé todo mi primer día de cole -creo que esto ya lo conté- sentada al lado de la papelera de clase, sin querer entrar. Las monjas le advirtieron a mi madre que tenía mucho carácter y me gané el mote de "la piedra", puesto por una cachonda profesora de lengua que me lo recordó cara a cara años después. Así que vuelvo a clase,a regañadientes, y esta vez no me puedo sentar en la puerta, disimulo hasta que la ira cese.  El Flippy de El Hormiguero a mi lado es un aprendiz. Me explico: he descubierto -muy a mi pesar- que si sumerges tu móvil en agua (la temperatura del líquido ni en ebullición, ni congelada porque rebota), éste inmediatamente se bloquea, aparece una pantalla que no habías visto en tu vida y ... se estropea. Es otro de mis experimentos caseros, y ya sé lo que me diréis -porque llevo todo el fin de semana oyendo sabios consejos, inútiles ahora- que si no hay que tocar el móvil después de mojarlo, que si hay que usar un secador, que si que lo ponga al sol ....PPPPPPPPPPFFFFFFFFFFFR Pero ahí no acaba el experimento; después vete a tu compañía telefónica -naranja en este caso- y trata de convencerles de que te despertaste y él, tu querido móvil, dejó de funcionar (RECUERDA, no nombres el "pequeño incidente"). Habrá que esperar resultados: en mi caso, un mes, para que la dependienta te diga que "el aparato" no tiene arreglo, por haber sido mojado. Y, para más vergüenza, te señala que la foto de mi "aparato" está colgada en la web ... así que agachas las orejas, y a seguir experimentando.
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