María en el país de los mierdecillas
Bienvenid@s a esta humilde bitácora dedicada a comentar la actualidad de esta pequeña parte del mundo... que va muy mal. En la vida no todo es de color rosa ... PERO EN ESTA WEBLOG, SÍ
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 Hay gente que no es capaz de salir de si mism@ y se pasa todo el día mirándose al ombligo. Egoistas, egocéntricos, cretinos... Sus problemas son los más importantes del mundo, los amigos deben correr a auxiliarl@s cuando den un grito ... necios. Yo no soy así -¡gracias dios mío!-de hecho soy capaz de salir de mí y habitar otros cuerpos (no, no he bebido). Se sienta en primera fila en mi clase de lengua, me mira siempre con unos enormes ojos sorprendidos, es tímida y una ávida lectora de libros. Permanece muy atenta a todas mis explicaciones, aunque le cuesta participar, sé que tras esa melena negra, larga, lacia se esconde una mente inteligente y despierta, llena de ficciones, sueños e ideales.También se llama María ¡Soy yo hace 18 años! Es mi "mini-yo" en potencia y, aunque no soy de las de cogerles cariño a los alumnos (no pierdo ni un minuto en odiarles o en adorarles), como no tengo hijos, me veo reflejada en eso ojos vivos. Me muero de ganas de decirle que no se preocupe, que sus compañeros madurarán un poco más lento, que siga leyendo a todas horas, porque todas esas historias -Quijote, Lázaro, Robinson, Agatha, Alicia, Ulises...-te acompañarán toda la vida, que no se enamore de ese idiota que con 15 años te volverá loca ... Que pasarán muchos años, muchos libros, muchos chicos, pero que, al final, aparecererá El elegido (chico/libro/destino) y que lo que ahora parece difícil, luego se volverá en estúpidas cosas. Pero, lo único que puedo hacer es ponerle la nota a "mi mini-yo", desde la objetividad de mi papel de profesora, y fantasear en secreto con darle verdaderas enseñanzas de la vida y no de la gramática y la prosa.  Hay cosas que todos sabemos, vemos... pero no queremos reconocer. Todo viene por lo de este puente. Como soy una hedonista, me he hartado de sauna, spa y gastronomía pirenáica en este puente. Estaba hasta las ..... XXXX (narices)de tanta evaluación, de tanta nota, de tanto examen,de tanta media, de tanta navidad vendida. Hay cosas que son obvias por su propia naturaleza. Lo ves allí, al alcance de tu mano y piensas: ¿por qué no? F. ya me lo había dicho, pero yo soy muy terca. En los papeles del hotel ponía: "cortesía" y por esa palabra yo entiendo "deferencia", y como el ser humano tiende a consumir sin medida todo aquello que no cuesta, le di rienda suelta. Cual fue mi sorpresa cuando, al marcharme, la recepcionista me dijo que tenía que liquidar mi cuenta. ¿Mi cuenta? ¿Qué cuenta? -Por las bebidas. Ya se me empezaba a hinchar la vena: ¿eso es cortesía del hotel? Por lo visto, la cortesía también cuesta. Yo me hubiera quedado un buen rato discutiendo el origen filológico de la cortesía y lo que representa, pero F. me hizo el gesto de cortarme la cabeza y pagó la cuenta. Aprendido: nunca volveré a beber del mini-bar ni a creerme lo que me cuentan.  Yo no he tenido lo que se puede decir una "biblia" en mi vida, y eso que estudié en un colegio religioso... ¡a veces me sorprendo valiéndome de historias de la Biblia para explicar algo a mis alumn@s! ¡Qué ironía! Nunca he seguido las normas al pie de la letra ni he tenido una guía de supervivencia para los años venideros, pero últimamente creo haberla encontrado. Por casualidad, uno se choca con los libros y, luego, ellos nos noquean, durante días, durante meses, durante años, o toda la vida. Y es lo es lo que a mí me ha pasado con El profesor de Frank McCourt, la biblia para todo docente heterodoxo como yo. Basta con citar algunas frases: "En lugar de enseñar, me dedicaba a contar historias" "Entrar en un aula es toda una operación. ¿No podrían entrar tranquilamente en el aula, dar los buenos días y sentarse?" "Llegar temprano es un error: tedeja demasiado tiempo para pensar en lo que te espera". "Yo dudaba a menudo de si debía estar allí siquiera. Al final me preguntaba cómo había aguantado tanto". - "Ellos creían que yo estaba enseñando. Yo creía que estaba enseñando. Estaba aprendiendo. ¿Y usted se considera un profesor".
Este viernes hubo cena con las profes de Mallén; de ellas también "aprendo a desaprender".  No todo el mundo vale para ser profesor. No todo el mundo vale para ser padre o madre. Ésa es la teoría, porque la realidad es que impresentables hay en todas partes y bandos. ¡Nunca había gritado a un padre/madre en la horita esa de atención a padres que me "obligan" a ponerme en mi horario por ser tutora! Es el cuarto año que soy tutora, el único año que no lo fui fue en Ejea, sin duda, mi mejor año en este trabajo (¿por qué será?). Todos los demás años he disfrutado la cercanía con los chic@s y de la buena o mala educación de sus padres. Aún en la distancia sigo siendo tutora (¿Eh, Jeanette? Suspender 2 no es una alegría... ¡A remontar como el año pasado, amiga!) Me explico: en la balanza las experiencias son positivas, pero nadie va al cirujano y le dice como debe operarle, ¿no? Yo no tengo hijos, pero ahora soy la "tía María" y nunca, nunca, nunca dejaré que Lucía y Nico se conviertan en marionetas en manos de sus padres. Ya hablé de los "Dédalos" y me niego a hablar de algunos otros madres/padres, ni siquiera creo que todo deba llevarse al enfrentamiento profes vs. padres. Pero lo cierto es que muchas veces me he mordido la lengua, y hoy no me ha dado la paciencia y he explotado. Lo siento, soy humana y en la medida de lo posible justa y ecuánime, ni tengo manías ni tengo paciencia para aguantar que me digan como hacer mi trabajo. Y mucho menos, voy a decir lo que no pienso y lo que las pruebas no muestran... Yo enseño y de paso, educo ... pero no quiero el peso del mundo sobre mi cabeza. Después de estar todo el día escribiendo poesía con mis alumn@s de 1º de la E.S.O -ningun@ se ganará la vida con esto, me temo- y sabiendo que mañana, me harán dar clase hasta última hora (aquí, en la capital, no se lleva lo del festival navideño, ni lo del vino español, ni lo de "rascarse los ...") sólo me queda la poesía como sustento: Qué extraño es de repente todo esto cuando te pasa a ti: que se arruine la carne, que el entusiasmo falle, esos dos baluartes que jamás se rindieron, ni siquiera cuando todo tembló en algún momento. La realidad te alcanza, y el mundo te parece un chicle masticado que molesta retener en la boca sin sabor. Vas llegando donde jamás pensaste que llegaras, porque no piensa el joven seriamente —y ése ha sido el regalo más grande de la vida— que su destino sea el deterioro. Es vulgar esta historia como aquellas que leías distante en los versos ajenos: otro hombre comprende que ha gastado para siempre la parte más hermosa y también la más breve de su tiempo. Es vulgar esta historia, y al mundo no le importa. Lo que tiene de nuevo es que por fin ese hombre eres tú. (Vicente Gallego, Una historia vulgar)  Algo tendrían que contar las estaciones, algo dirán las terminales de aeropuerto los bares donde nacieron cinco de nuestras canciones, las noches en que (...) te decía nunca más. Quedó algo de nosotros en esos lugares en el lavabo de señoras y en el puerto en la butaca del cine, en una boca de metro y en todas esas esquinas que solíamos doblar. Es una historia que se escribe en los portales la breve intensidad de las primeras luces, y los conserjes de noche cuidan de los hostales y todas las camareras que quisieron escuchar.
Algo tendrían que contar los escalones con pantalones arrastrados por el suelo, algo el asiento trasero que me ofrecía tu coche y el humo del cenicero que acabó por rebosar. Es una historia que se escribe en los portales la breve intensidad de las primeras luces, y los conserjes de noche cuidan de los hostales y todas las camareras que quisieron escuchar. Yo siempre estaba dispuesta, es domingo por la tarde la suerte es una ramera de primera calidad y los conserjes de noche cuidan de los hostales y todas las camareras que quisieron escuchar.
Es una historia que se escribe en las postales con la necesidad de madrugar los lunes. Yo siempre estaba dispuesta, es domingo por la tarde la suerte es una ramera de primera calidad y los conserjes de noche cuidan de los hostales y todas las camareras que quisieron escuchar. (Quique González, Y los conserjes de noche)
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