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María en el país de los mierdecillas

ENTORNO AL CONCEPTO DE “METROSEXUALIDAD”

<center>ENTORNO AL CONCEPTO DE “METROSEXUALIDAD”</center>

La Fox ha tenido que reconocerlo; mintió cuando afirmó que John Kerry era metrosexual y se depilaba las cejas. Y yo me pregunto, ¿sería posible que alguna televisión española hiciese este tipo de acusación sobre Zapatero o Aznar? Las cejas de Zapatero dan mucho que pensar, no así el bigote de Aznar y, mucho menos, la barba de Mariano, que de metrosexual nada, en todo caso componente de un famoso grupo musical.

Pero vamos al grano, hoy en día está de moda eso de ser “metrosexual”, como en su momento estuvo de moda ser homosexual, y como nunca lo estuvo la heterosexualidad. Ahora nadie quiere salir del armario, sino tenerlo bien equipado, y aunque podemos señalar algunos culpables (galácticos, marcianos o "grandes fraternales") lo cierto es que la metrosexualidad nos invade y está afectando gravemente a los políticos.

Hagamos un poco de hemeroteca, hace unos años se acusó al primer ministro alemán, Gerhard Schroeder, de teñirse el pelo; fue la estratagema de una pobre oposición política, que no sabía de que más acusarle. Quizás lo de Kerry sea un maléfico plan de Bush -orquestado por tan infame cadena de televisión- porque ¿qué es peor: tener las cejas "poco pobladas" o dejar Irak con poca población? Nuestro amigos americanos nos dirán con los resultados de las elecciones del 2 de noviembre.null

AVISO A NAVEGANTES: NO TODOS SOMOS IGUALES.

<center>AVISO A NAVEGANTES: NO TODOS SOMOS IGUALES.</center>

Actualmente trabajo como promotora de una tarjeta de crédito bancaria(empieza por V y acaba por A, y todos sabemos lo que va dentro) patrocinada por un hipermercado cuyo nombre no me atreveré a invocar.Lo cierto es que dicha tarjeta es gratuita y, en principio, accesible para todo cliente de dicho comercio o para todo aquel que emplea sus tardes en pasear sin rumbo fijo por un centro comercial. Sin embargo, en la información proporcionada por la ETT a las promotoras lo deja bien claro: “¿Quiénes son nuestro objetivo?” –cito textual- “personas entre veinticinco y sesenta y cinco años, amas de casa con maridos con empleo fijo y habitantes de la UE no extracomunitarios”.

Así que ya os podéis imaginar, cuando se me acerca el jubilado de turno (especie muy extendida en esos lares) con mucho tiempo y con muchas ganas de hablar, tengo que driblarle y evitar su mirada inquisitoria. Lo mismo me ocurre con extensas familias de ecuatorianos; nigerianos; etc.

Pienso que alguna entidad financiera "haría el agosto" si se atreviera a contratar una tarjeta de crédito a esos individuos sospechosos, porque realmente son quienes demuestran un interés ferviente en poseerla.



Quizás porque lo prohibido es lo que más nos atrae, ¿no?

¿EXÁMEN "PRÁCTICO" MÁS LARGO?

<center>¿EXÁMEN &quot;PRÁCTICO&quot; MÁS LARGO?</center>

Hoy nos despertamos con la genial idea del presidente de la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE), Don José Miguel Báez -un cargo muy largo para un trabajo muy escaso- de ampliar la duración del exámen práctico del carnet de conducir de los quince minutos actuales a veinte o veinticinco minutos para, nuevamente, igualarnos a los europeos. Y yo me pregunto, ¿con elementos como Farruquito corriendo por nuestras calles, qué más da el tiempo que inviertan? Y no hace falta ser un indocumentado, los hay con carnet y sin sentido común, que se juegan su vida y la de los demás por un adelantamiento imprudente, por ir a una velocidad excesiva, y largo etcétera de causas estúpidas que no justifican una imprudencia.

Pero, vayamos a la noticia: el aludido cree que alargar en el tiempo este obligado suplicio hoy en día –porque no neguemos que es un sufrimiento indispensable, que pone a prueba los nervios de acero de cualquiera- será la solución para disminuir la siniestralidad al volante. Ante esto, surge la duda: ¿más tiempo significará más dinero?
Porque todos sabemos de que monopolio es presidente el señor Báez, el de las autoescuelas, que siempre se han mostrado más dispuestas a subir sus precios (o misteriosamente a equipararlos, rompiendo con el sano derecho a la competencia empresarial) antes que a aumentar la seguridad vial.

Una vez más, España va mal si hacemos las cosas para parecernos a los demás.