
Yo no he tenido lo que se puede decir una "biblia" en mi vida, y eso que estudié en un colegio religioso... ¡a veces me sorprendo valiéndome de historias de la Biblia para explicar algo a mis alumn@s! ¡Qué ironía!
Nunca he seguido las normas al pie de la letra ni he tenido una guía de supervivencia para los años venideros, pero últimamente creo haberla encontrado. Por casualidad, uno se choca con los libros y, luego, ellos nos noquean, durante días, durante meses, durante años, o toda la vida. Y es lo es lo que a mí me ha pasado con El profesor de Frank McCourt, la biblia para todo docente heterodoxo como yo. Basta con citar algunas frases:
"En lugar de enseñar, me dedicaba a contar historias"
"Entrar en un aula es toda una operación. ¿No podrían entrar tranquilamente en el aula, dar los buenos días y sentarse?"
"Llegar temprano es un error: tedeja demasiado tiempo para pensar en lo que te espera".
"Yo dudaba a menudo de si debía estar allí siquiera. Al final me preguntaba cómo había aguantado tanto".
- "Ellos creían que yo estaba enseñando. Yo creía que estaba enseñando. Estaba aprendiendo. ¿Y usted se considera un profesor".
Este viernes hubo cena con las profes de Mallén; de ellas también "aprendo a desaprender".