
"Todo pasa..."- le digo al otro lado del teléfono a mi amigo, cuyo hermano se ha muerto. ¡Vaya mentira! y encima lo del avión ... a veces la vida es una auténtica pesadilla.
"El dolor se acaba". ¡Mentira! El dolor no se acaba, se oculta, se disimula, se pinta de falsa alegría. Me refiero al verdadero dolor, al dolor de la muerte, de la pérdida, no a los estúpidos dolores cotidianos con los que nos quiere engañar la vida. A veces es necesario darse golpes con el verdadero dolor para dejarse de mirar el ombligo, para dejar de ser tan egoísta.
Hoy mi cabeza está en Madrid, en Las Palmas, en su pesadilla ... y quejarme de algo absurdo y cotidiano, me parecería una auténtica mierdecilla.